Historia

e epti n enero de 1983 nació el curso para preparar a las personas que deseaban tomar el examen previo a optar al título de Traductor Jurado con un programa que diseñé a partir de la ley, la cual aún está vigente. Las primeras tres alumnas tomaron las clases en el comedor de mi casa entonces situada en Las Conchas, zona 14. La primera alumna en tomar el examen y aprobarlo fue Maribel Luna Villacorta a quien considero como la promotora del curso, ya que fue ella quien me solicitó que la ayudara para poder someterse a dicho examen.

Con el paso de los años, el programa fue adquiriendo prestigio y vinieron más alumnas por lo que decidí dar el curso con el horario que aún está vigente: martes por la mañana y miércoles por la tarde. Esto permitió que las personas que trabajaban pudieran tomar las clases después del horario de trabajo. Una vez al año se sometían algunas de las alumnas al examen del Ministerio y aprobaban. De esta primera etapa recuerdo a muchas que hoy son traductoras de mucho prestigio.

El interés por la traducción creció y así también los grupos de alumnas. Me pareció oportuno trasladar las clases a un lugar en el cual fuera más adecuado impartirlas. Esto me permitió desarrollar más ideas y convertir el programa inicial en un Diplomado de dos años. Para crecer en todo sentido, invité a Anita Arroyo de Gámez, quien ya había tomado el curso y era una de mis mejores exalumnas, a que me ayudara y aprendiera a dar las clases. Muy pronto pude dar el paso y Anita trabajaba con las alumnas que pasaban al segundo año y les daba un refuerzo, mientras yo seguía en el primer año impartiendo los cursos que servían de fundamento para la Traducción Jurada.

Esto nos permitió seguir creciendo en número de alumnas y en material de estudio por lo que el Diplomado se convirtió en una carrera corta con el diseño curricular de un técnico universitario. A partir de entonces, hemos invitado a unirse a nuestro equipo de docentes a las exalumnas que por su capacidad, preparación y cualidades humanas nos han acompañado ya por muchos años.

A finales del año 1999, tomé la decisión de alquilar dos oficinas en Torre Pradera y nació con nombre y apellido la Escuela Profesional de Traducción e Interpretación. El 19 de diciembre de ese año inauguramos EPTI, evento al cual nos acompañaron exalumnas, alumnas, familiares y amigos.

Hoy, Anita y yo contamos con un grupo selecto de profesionales que imparten las distintas clases del Diplomado en Traducción e Interpretación. A lo largo de estos 30 años han tomado el curso más de 1000 personas y desde hace algunos años hemos graduado traductores e intérpretes, ya no solo mujeres, sino también hombres. En su mayoría, nuestros alumnos son personas con carrera universitaria o la están estudiando, y combinan las destrezas de la traducción y la interpretación con sus conocimientos, lo que redunda en un gran beneficio y abre más puertas a las salidas profesionales a las que pueden optar.

Equipo

EQUIPO

  • El Equipo Profesional de Traductores e Intérpretes está formado por un grupo de profesionales especializados en distintas áreas. Por ser un Equipo, trabajamos de manera eficiente, asegurando un trabajo de calidad y en el tiempo justo.
  • Tenemos 20 años de competir en el mercado de la traducción, y nuestro trabajo está basado en la calidad, integridad, flexibilidad, precios competitivos y atención personalizada.
  • Un cliente satisfecho es nuestra prioridad y nuestra meta final es la de entregar una solución a nuestro cliente lo cual le ayudará a completar sus negocios en el idioma que necesite.
  • La traducción hace que nuestro mundo sea inteligible. Sustento de la comunicación intercultural, tiene un papel esencial en numerosos aspectos de la vida cotidiana y posibilita el progreso de la humanidad.

Sin embargo, pocas veces se reconocen la importancia de esta labor y el profesionalismo necesario para ejercerla. Un traductor no es un mero buscador de equivalencias: es un intermediario entre pueblos y culturas, y por eso hace falta mucho más que conocer dos idiomas para traducir profesionalmente. El ejercicio de esta profesión abarca un vastísimo espectro del conocimiento y presupone una constante puesta al día.

Sobre la responsabilidad y ética de los profesionales en la traducción descansa una parte preponderante del correcto desarrollo de las relaciones con el extranjero, en todos sus aspectos: el jurídico, el cívico, el social, el cultural, el científico y el comercial, entre otros.

Nuestros servicios incluyen desde el presupuesto de la traducción y la planificación de la misma, hasta la entrega final del documento en la fecha estipulada, garantizándole un documento cuidadosamente revisado y editado. Además, ofrecemos el servicio de revisión de textos en ambos idiomas. La mayor parte de nuestras actividades está dirigida a clientes de largos años que están muy conformes con los precios competitivos y los servicios eficientes que les brindamos.
EL EQUIPO PROFESIONAL DE TRADUCTORES E INTÉRPRETES COLOBORA ESTRECHAMENTE CON EPTI PARA QUE SUS ALUMNOS CONSIGAN ESTOS OBJETIVOS

Lucrecia Mena de Goicolea
Fundadora

Anita Arroyo de Gámez
Directora

 
 

Distinciones

Estas son distinciones que EPTI otorga a estudiantes destacados:

La idea de otorgar un premio al mejor traductor de la promoción está inspirada en la «T» de Telva, los premios «T» que entrega año con año la revista española Telva en distintas categorías. Esta revista de modas fue fundada por Covadonga O’Shea, una periodista española que, aunque en todo a la vanguardia, mantiene unos principios sólidos en los campos de la ética y la moral y los combina con el difícil mundo de la moda. El estudiante, que hasta la fecha han sido sólo mujeres, que obtiene una «T» de Oro irá a la vanguardia en nuestro campo sin descuidar el perfil de EPTI, así como lo hace en su profesión una mujer como Covadonga O´Shea.

Se entrega en la graduación al mejor traductor del año.

En noviembre de 2006 decidimos instituir la Medalla «Anne Benatton» para premiar al alumno del Diplomado en Interpretación más destacado del año.

En los años sesenta, un grupo de personas tomó un curso de interpretación que no duró muchas horas. Del grupo me gustaría destacar tres nombres: Ann Bennaton, Yolanda Mata y Armando Díaz Espat. Estos tres intérpretes son reconocidos como pioneros de esta profesión en Guatemala y son quienes abrieron brecha y llevaron muy en alto y lejos la bandera de nuestro país.

A finales del año 2005 murió Ann Bennaton sin hacer mayor ruido, así como vivió, con toda discreción. EPTI quiere rendirle homenaje a estos destacados intérpretes y, por lo tanto, como directora de la institución, instituí la medalla que lleva el nombre de Ann para que las futuras generaciones de intérpretes que vengan sepan quiénes hicieron el camino y lo sigan con las mismas reglas éticas y profesionales que hasta hoy ellos han seguido.

Silvia Eugenia Pérez Cruz, exalumna en el área de traducción, es una de las profesionales que se hizo en el campo de la interpretación a la vera de Ann y comparte lo que a continuación van a leer:

«Lucrecia me ha pedido que comparta algunas palabras con ustedes con relación a la Medalla «Ann Bennaton». Las personas llegan a nuestras vidas por muchos motivos y nos acompañan en este caminar con diverso propósito. Recuerdo mi paso por la vida como intérprete y siempre, no importa cuántas veces lo haga, recordaré a Ann como una las personas que me abrieron la puerta en este campo y siempre estuvo dispuesta a enseñarme. Trabajar con ella en la cabina fue en todo momento un aprendizaje intenso. La pasión con la que abrazaba cada frase del orador se contagiaba. No podía uno menos que tratar de imitarla y creo que esa es la parte de su legado más precioso.

Su pasión por la palabra, la palabra más adecuada, la palabra que mejor transmitiera el sentido de lo que el conferenciante quería dejar en sus oyentes era su mayor deleite…»

Beatriz Illescas Putzeys es alguien muy especial para EPTI. Fue alumna de EPTI y durante ocho años dirigió el área de inglés de la institución. Hermana menor de Silvia, Beatriz tuvo a su hermana y sobrina como alumnas, algo que fue extraordinario para las tres. A continuación pueden leer las palabras de Beatriz al explicar la Beca que otorga EPTI cada año y que dirigió durante la entrega de la Beca en el año 2003.

«Como no me gusta quedarme con los méritos de otras personas, quiero contarles que este año le pedí a mi sobrina, Johanna,- primera beca « Sylvia Illescas de Mittelsteadt», que me ayudara con el discurso de la Beca. Muchos de ustedes saben que este año, una vez más, ha sido sumamente difícil para mí y toda mi familia. Por momentos, me he sentido totalmente desgastada e incapaz de continuar; pero, ¡cómo no estar aquí compartiendo la alegría de todos ustedes! Cómo decir no, cuando es mi obligación y mi alegría, de una forma dulce y también un poco triste, entregar esta beca. Así, queridas graduandas, alumnos, amigos, este es el relato de la hija de Sylvia, con mi granito de arena y mucho cariño para las dos personas que se han ganado la Beca Epti este año.

El año 1998 fue para aquélla promoción, como lo fue para ustedes el año 2000. Fue un año en el que un grupo de personas decidió, en forma individual, aceptar el reto de estudiar traducción jurada. Cada una, con su propia personalidad, sus talentos, sus complicaciones y sus responsabilidades, al igual que ustedes, decidió poner a prueba su habilidad para aprender cosas nuevas y, por qué no, también para hacer amigas nuevas.

En ese grupo había un poco de todo: jovencitas recién graduadas del colegio, madres jóvenes, mujeres profesionales, madres dedicadas a sus familias… Al empezar el segundo año de la carrera, el grupo de la mañana ya se había reducido. Ustedes saben muy bien que no todas la que empiezan esta carrera la terminan, porque no es tarea sencilla. Pues bien, este grupo que iba quedando en 1999 era un grupo trabajador y, sobre todo, un grupo que llegó a integrarse muy bien. Todas eran amigas dentro y fuera del salón de clase. Un dato interesante de ese grupo es que madre e hija estudiaban en la misma clase. Una de ellas era Sylvia, mi hermana; la otra, Johanna, mi sobrina.

Una tarde estaban varias de la clase estudiando en la casa de mi sobrina, cuando mi hermana las llamó, y les dijo que ella no podría llegar porque se había sentido mal y le estaban haciendo exámenes. Mi sobrina salió inmediatamente a ver a su mamá y le dijo a sus compañeras, que quedaban en su casa, que estudiaran, y que la última en irse cerrara la puerta con llave al salir.

Ustedes saben cómo es cuando uno se enferma: primero piden exámenes y luego otros análisis y se van varios días. Mi sobrina visitaba todos los días a su mamá y un día Sylvia le dijo muy sorprendida y apenada que se le había olvidado mandar el cheque del pago del mes de abril a la Escuela de Traducción, y que le dijera a Lucrecia de Goicolea que en cuanto ella volviera le pagaría. Mi sobrina se lo dijo a Lucrecia, y ella le respondió: «Dile a tu mamá que ella sólo se ocupe en mejorarse y que por esto no se preocupe, porque este año ella será mi invitada.» Unos días después, Johanna convenció a mi hermana de que fueran a las clases, al examen para el cual no habían estudiado. Con pena de hacer un mal papel, fue al examen, repitiendo entre el carro: «Yo, Sylvia Illescas de Mittelstaedt, traductora jurada, autorizada en la República de Guatemala… » Ambas aprobaron muy bien el examen de Anita. Esa fue la última vez que Sylvia asistió a clases. Pocas semanas después se fue con Dios y se llevó el cariño de sus amigas y el corazón agradecido con Lucrecia, por su generosidad, por su genuino interés y por su cariño incondicional.

Para todo el grupo de alumnas y maestras de la Escuela fue un golpe durísimo, pues Sylvia se había ganado el cariño de todas. Se fue muy pronto, en el mejor momento de su vida. Dios la llamó cuando ella mejor estaba: joven, llena de ganas de vivir, realizada como madre y esposa y empezando a hacer algo para ella, feliz con sus nuevas amigas.

Como es de esperar, mi sobrina dudó mucho volver a clases sin su madre. Un día recibió una carta de Lucrecia, en la cual le explicaba que ella deseaba cumplir el ofrecimiento que le había hecho a Sylvia y le extendía a mi sobrina el cariño y la generosidad de « invitarla» a estudiar el segundo año de la carrera. En la carta le explicó que ella deseaba honrar la memoria de su madre y que había pensado que la mejor manera de hacerlo era instituyendo, de allí en adelante, la beca «Sylvia Illescas de Mittelstaedt» para recordarla siempre. Sylvia deseó seguir estudiando, aún cuando estaba pasando por una dura prueba de la vida. Dejó una huella indeleble en todas las personas que la conocieron. El nombre de su madre, de mi hermana, sería perpetuado a través de honrar a la alumna que llenara cualidades que vimos en Sylvia. Por lo tanto, para obtener la beca Epti, la alumna debe ser muy buena estudiante, pero eso no es suficiente. Debe, además, ser trabajadora, solidaria, humilde y generosa, debe desear sinceramente dar lo mejor de sí misma, como Sylvia lo hizo.

Cada vez que nos toca escoger a la persona que tendrá este honor pensamos en todas esas cualidades. Este año al igual que los anteriores es para todas nosotras, catedráticas de EPTI, un verdadero orgullo y una gran alegría que dos personas, dos amigas queridas se hayan ganado este honor. Sé que tengo a mi hermana a mi lado, sé que ella estaría más que complacida con nuestra decisión, sé con plena seguridad que ellas sabrán llevar dignamente está beca, que realizaran plenamente ese sueño por ellas y también por Sylvia. Sabrán trabajar con empeño y profesionalismo y, a la vez, recordar lo afortunadas que son de poder continuar en esa búsqueda que todos tenemos por querer ser mejores personas.

En nombre de Sylvia, de Johanna y el mío, un millón de gracias, Lucrecia, por este gesto de generosidad. Ahora que ya saben cómo nació la beca. Felicitaciones, que Dios las bendiga.

Y no olviden nunca- como les escribí en el pizarrón en una de nuestras primeras clases:
ONLY THE TEST OF FIRE MAKES THE FINEST STEEL